18 de septiembre de 1887: nace Armando Discépolo
Dramaturgo y director teatral considerado una de las figuras centrales en la formación de una identidad propia para el teatro argentino.
Dramaturgo y director teatral considerado una de las figuras centrales en la formación de una identidad propia para el teatro argentino.
Creció en una casona ubicada sobre la calle Paraná, a metros de Corrientes, en una zona que por entonces todavía no era la avenida de teatros y cafetines en que se convirtió años después. Fue el mayor de cinco hermanos, hijos de Santo Discépolo, músico napolitano que había llegado al país siendo joven y que llegó a dirigir la primera Banda Municipal y de Luisa De Lucchiy, argentina de origen genovés. En esa casa signada por la vocación artística se crió también su hermano menor, Enrique Santos Discépolo, que con el tiempo se consagró como uno de los grandes letristas de tango. Discépolo fue, en gran medida, autodidacta. Abandonó la escuela primaria en sexto grado y tras la muerte de su padre en 1906, tuvo que salir a trabajar en distintos oficios para sostener a la familia. A los dieciocho años se inclinó por la actuación y dio sus primeros pasos interpretando una pieza de Félix Alberto de Zavalía. Pero pronto entendió que lo suyo no pasaba por subirse al escenario sino por escribir para él, porque lo que le interesaba no era interpretar personajes sino crearlos. En 1910 estrenó su primera obra, Entre el hierro, con Pablo Podestá en el elenco, el actor más importante del momento. El estreno fue un éxito y marcó el comienzo de una carrera en la que Discépolo llegó a escribir una o dos piezas por año. En esos primeros tiempos trabajó dentro de las convenciones del sainete popular: La torcaza, El novio de mamá, El vodevil y La espada de Damocles respondían todavía a ese género costumbrista, centrado en los patios de conventillo y en el retrato pintoresco del inmigrante recién llegado. Pero el público de esas obras fue ampliándose hacia una clase media que ya no se sentía del todo representada en esas imágenes y el sainete empezó a transformarse en algo más tragicómico. Discépolo participó de ese viraje con piezas como El movimiento continuo (1916), escrita junto a Mario Folco y Rafael José de Rosa y Mustafá (1921), en colaboración con de Rosa. De ese proceso de transformación surgió lo que terminó siendo su aporte más singular, el grotesco criollo. Discépolo empezó a delinear esta fórmula hacia 1916, seis años antes de que en la Argentina se conociera la obra de Luigi Pirandello. Fue justamente en ese año cuando la palabra "grotesco" apareció por primera vez en la escena nacional, en una de sus piezas. El dato desmiente la idea, bastante extendida, de que el grotesco criollo fue una simple importación del grotesco pirandelliano; en todo caso, se trató de un desarrollo paralelo y local. El grotesco criollo tomó al inmigrante que el sainete solía mostrar como figura pintoresca y lo hizo tropezar con su propio fracaso, con la distancia entre lo que había soñado ser al cruzar el océano y lo que efectivamente había terminado siendo. Sus personajes eran pobres, muchas veces inmigrantes o hijos de inmigrantes, aplastados por una realidad social que no les daba respiro, y atrapados en la contradicción entre una máscara cómica y un rostro trágico que no terminaba de encajar. Obras como Mateo (1923), El organito (1925, la única que escribió junto a su hermano Enrique Santos), Giácomo, Muñeca, Babilonia, Stéfano y Cremona dieron forma a ese estilo entre 1921 y 1934. En Babilonia, por ejemplo, la obra ponía en escena, a través de amos y criados, dos posiciones sociales antagónicas, "los de arriba y los de abajo". En Stéfano, el conflicto pasaba por la distancia entre la realidad interior del personaje y la que el mundo exterior le exigía mostrar. Una excepción dentro de esa producción fue Amanda y Eduardo, la única obra en la que Discépolo se apartó de la temática inmigratoria para indagar en la psicología femenina y en conflictos de alcance más universal. Su última pieza como autor, Relojero, se estrenó el 23 de junio de 1934 en el Teatro San Martín. A partir de ese momento y pese al éxito alcanzado, Discépolo decidió dejar la escritura dramática para dedicarse a la dirección teatral y más adelante, a la escritura de guiones para cine y televisión, tarea que sostuvo durante buena parte de las décadas siguientes. Murió en Buenos Aires el 8 de enero de 1971, a los 83 años. Sus restos fueron velados en una sala de la Casa del Teatro. El catálogo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno permite consultar, bajo la entrada de autor "Discépolo, Armando", ediciones de sus obras, entre ellas Stéfano, Babilonia, El organito, Mateo y Relojero, junto con estudios críticos sobre el grotesco criollo, material de referencia útil para quien quiera profundizar en su figura y su obra.