18 de septiembre de 1924: fundación de la Biblioteca Argentina para Ciegos

Hay bibliotecas que nacen para albergar libros y otras que, además, abren caminos. La Biblioteca Argentina para Ciegos pertenece a estas últimas.

Fundada el 18 de septiembre de 1924 por Julián Baquero y Agustín Rebuffo, comenzó su historia en una época en la que el acceso a la lectura, la educación y la cultura presentaba enormes barreras para las personas ciegas. Desde sus primeros años, la institución fue construyendo un espacio en el que el braille, los libros y el encuentro se transformaron en herramientas de autonomía y participación. Con el tiempo, aquel proyecto creció. La incorporación de una imprenta braille permitió ampliar la producción de materiales accesibles y la Biblioteca llegó a conformar un acervo en este sistema de lectura y escritura que hoy es considerado el más antiguo de América Latina.

Más de un siglo después, las formas de acceder a la palabra escrita se multiplicaron. Al braille se sumaron los libros en audio, los formatos digitales y las tecnologías de apoyo. Cambiaron los soportes y las herramientas, pero permanece un mismo desafío: garantizar que ninguna barrera determine quién puede leer, estudiar, informarse o disfrutar de la cultura. Recordar hoy los 102 años de la Biblioteca Argentina para Ciegos no significa solamente mirar hacia su pasado. También invita a reconocer un recorrido construido a lo largo de generaciones y, al mismo tiempo, a pensar cuánto queda todavía por hacer. Porque la accesibilidad no consiste únicamente en adaptar un libro o transformar un formato. Implica generar las condiciones para que cada persona pueda elegir cómo acceder a la información, al conocimiento y a la lectura. A 102 años de aquel 18 de septiembre, su historia continúa recordándonos algo esencial: el derecho a leer también es el derecho a elegir cómo hacerlo.

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