Se trata de un bosque que rodea el Palacio Orsini donde residiera el duque Pier Francesco Orsini, del cual Mujica Láinez acabará creyéndose una reencarnación, en el que abundan cavernas cuyas entradas fueron talladas en la piedra con forma de monstruos infernales. En el barco de regreso a Argentina, Manucho comenzó a tomar apuntes para su novela, Bomarzo, en la que aprovechando los escasos datos históricos de Orsini despliega truculentas ficciones palaciegas ambientadas en el Renacimiento. Tras una nueva visita en agosto de 1960, habiendo recogido una gran masa de documentación, Mujica Láinez dio forma a la novela que concluyó al año siguiente y se editó en 1962. Las 679 páginas en octavo menor vieron la luz el 8 de junio. Publicada por editorial Sudamericana, Bomarzo fue un éxito instantáneo: el público y la crítica la festejaron y fue favorecida con el Premio Nacional de Literatura de 1963 y el John F. Kennedy de 1964, que compartió con Rayuela de Cortázar. A finales de 1964 el compositor Alberto Ginastera, siendo ya una figura de relevancia internacional, estrenó en la Biblioteca del Congreso de Washington la cantata Bomarzo que será el germen de la ópera homónima, op. 23, que se pondrá en 1967 también en la capital norteamericana. El guion, confeccionado por el propio Mujica Láinez, mostraba escenas que resultaron perturbadoras para la moral de la época, como la infancia del duque, que, pequeño y jorobado, padecía el maltrato de sus familiares. En la trama abundan sadismo, travestismo, incesto y cierta violencia verbal que la música enfatiza. Como en la novela, la obra mostraba el auge y decadencia del duque con rasgos de tragedia shakespereana, no sin elementos paródicos, que el crítico Esteban Buch llamó “una auténtica retórica musical del poder”. Al estrenarse en el Colón el 9 de julio de 1967 con la presencia del Presidente de facto, el General Juan Carlos Onganía, pese a que previamente la había declarado de interés cultural, decidió censurarla. Mediante el decreto nº 8276/667 Bomarzo fue excluida de la programación “para resguardo de la moralidad pública”. El escándalo fue mayúsculo. La solidaridad nacional e internacional hacia Ginastera y Mujica Láinez (que, por lo demás, siempre bromeará con el hecho debido a que disparó las ventas de su novela en todo el mundo) abrió un debate sobre la libertad de expresión y sus límites. Aunque fue puesta en escena en Estados Unidos, en Suiza y en Alemania, la ópera deberá esperar al retorno de la democracia durante el gobierno de Raúl Alfonsín para ser re-estrenada en Argentina en mayo del ‘84. Pero sus autores ya no vivían: Mujica Láinez había fallecido un mes antes y Ginastera hacía más de un año. Desde entonces Bomarzo ha conocido traducciones a diversas lenguas occidentales, versiones cinematográficas e innumerables trabajos críticos. Y la ópera ha sido grabada, estudiada y puesta en los escenarios del mundo.